Sobre el autor

-“Aquel que no está en condiciones de escoger que rumbo seguir, a donde dirigirse y decidir donde vivir, no es libre de construir su propio destino”. -Proberbio bereber. 

El protagonista de la historia es Iconoclasta, un viejo lobo solitario inconformista, atormentado y aburrido de la superficialidad de la escena social barcelonesa. Maltratado por mujeres y desafortunado con los negocios constituye el verdadero retrato de un perdedor que intenta ocultar su derrota bajo una imagen de vividor y una actitud frente a la vida un tanto bohemia.

Un dia llega a sus oidos una fabulosa historia de un remoto lugar oculto en algún lugar de Asia en el que no existe la propiedad privada, las leyes ni el dinero, los pobladores disfrutan de una eterna juventud, conocen la felicidad, y constituyen una sociedad perfectamente organizada donde todos se protegen y conviven en plena harmonía y perfecto equilibrio con la naturaleza y el entorno.

Justo entonces es cuando emprende una primera expedición en busca de ese paraíso. Lo hace en los territorios administrados por los estados de Myanmar (antigua Birmania), Laos, Camboya, y Tailandia. Transcurridos tres meses y con la única recompensa de haber conocido algunos lugares similares a los descritos por el relato debe regresar a su tierra natal convencido de no haber dado con el legendario Shangri-La.

Tras esa infructuosa busqueda, cambia de objetivo y concentra su punto de mira en el Dorado. As?en los sucesivos tres años dirige hasta tres expediciones a lationamerica (Mexico, Guatemala, Paraguay, Chile, Bolivia, Brasil, Argentina, Uruguay)

Finalmente reemprende la busqueda del Shangri-La perdido.

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   ¿QUIEN DIJO QUE EL ROCK YA NO ERA DIVERTIDO?
[27/07/2008 12:55 am]

 He escrito este artículo una semana después de asistir al primero de los dos conciertos del Bruce Springsteen en Barcelona de su gira Magic Tour. Y he dejado pasar una semana para hacerlo en frío, para que nadie pueda decir que lo que he escrito, lo he escrito embriagado por la euforia del momento.
 
 
Me ha pasado que alguna vez tras asistir a algún concierto de algún grupo de los catalogados de la escena independiente, he llegado a mi casa con un estado predepresivo, y no porque los grupos sonasen mal o la actuación no estuviese a la altura, sino porque sus propuestas musicales iban por esos rollos deprimentes.
Entre ellos recuerdo el concierto de Nirvana del 94, muy poco antes de que el bueno de Kurt escogiese dejar la música y largarse para siempre. Su estado depresivo se podía respirar en cada una de sus desesperadas entonaciones.
También recuerdo un concierto de Smashing Pumkins previo a su primera disolución, en un glaciar Palau dels Esports, solo el frío en la grada impidió que cayese redondo en mi asiento. Había invertido el dinero de la orla universitaria en comprar esa entrada, y los Billy Corgan and Co me lo agradecían intentando dormirme.
 
Puedo hablar también de la última gira de Coldplay con su perfección y sus arreglos preciosistas, sus melodías melódicamente perfectas, pulcras, impecables; y su hora y 30 minutos cronometrados con precisión suiza. Presupongo que un concierto de Coldplay con su rock para adultos es igual en Sydney, que en Boston, que en Dublín o que en Milán. Que todos los conciertos de una gira son un calco exacto del anterior, como un automóvil salido de una cadena de montaje.
Después tenemos a mis admirados U2 con sus estratosféricos y estrafalarios montajes como soporte a sus propuestas, montajes que incluso como en su gira ZooTv (una de las mejores giras de la historia del rock) constituían por si solos una obra de arte pop total independientemente de la propuesta musical (seguro que muchos recordais aquellos Trabant Tramps de la Alemania democrática decorados por artistas y colgados del techo del Palau Sant Jordi).
 
 
 
Cuando parecía que la depresión, el perfeccionismo preciosista, los mastodónticos montajes, o las propuestas vanguardistas se habían apoderado del Planeta Rock and Roll, llega el mas grande el hijo del Rock and Roll (con el permiso de Elvis) y nos demuestra que el Rock es algo mucho mas sencillo, que todavía puede ser divertido, muy divertido, emocionantemente divertido; nos recuerda que para mover el culo y la cintura ni los gorgoritos de la Shakira, ni la salsa, ni el merengue, ni la puta madre que parió a todos esos tercermundistas bailes de la America en vías de desarrollo; que para dar saltos delante de un escenario ni el gangsta rap de los De La Soul ni incendiario hip hop francófono de los suburbios de Marsella; y que para dar palmas ni el flamenco ni la rumba.
Bruce Springsteen nos recuerda (porque ya lo habíamos olvidado) que para todo eso, lo mejor que inventó el hombre desde los tiempos del fuego y los utensilios de piedra, ha sido el Rock and Roll.
Bruce Springsteen siempre se ha querido mostrar decidido a recuperar aquellos momentos primigenios del Rock en los que Chuck Berry, Jerry Lee Lewis, Carl Perkins, Bill Haley o el mismo Rey inventaron un nuevo género musical que servía para bailar, divertirse y pasarlo bien.
 
Con un escenario de modestas dimensiones si se compara con el impresionante Camp Nou, sin florituras, ni hologramas, ni pirotecnias, ni rayos láser, con cuatro focos colgados de cualquier manera de lo alto del escenario. En medio de un escenario austero, rayando lo cutre, llega el tío con su banda con ganas de liarla y la lía; llega el tío con ganas de pasarlo bien, con ganas de montar una macrofiesta, y consigue que 80.000 personas se pasen mas de 3 horas gritando, saltando, bailando sin parar de una manera in-interrumpida.
Y ya de rebote sin quererlo consigue silenciar el conato de fiesta que los organizadores del Summercase pretendieron armar en el Forum.
No estuve en el Summercase, pero estoy seguro (pongo la mano en el fuego) que ni en el mejor de los momentos del Festival la intensidad pudo resistir comparación con el momento de menor intensidad en el Nou Camp (si es que lo hubo).
 
Pura espontaneidad, pura improvisación, con un repertorio que cambiaba mas de 15 canciones respecto del anterior concierto; esa es la mas clara declaración de intenciones de Springsteen, de que ni él ni su banda se toman esto como un trabajo sino mas bien como una gran fiesta en la que pasárselo mejor que en el concierto anterior.
Con una fuerza y entrega que no ha decaído ni un grado desde 1975 la presencia de Bruce no solo llena el escenario el solito, es capaz de llenar el Campo del Barça, o la plaza de Tiananmen. Creedme que si se lo propusiera sería capaz de llenar la muralla China y hacer bailar a los 1.000 millones de chinos en una conga de 6.000 km sobre la misma muralla al ritmo del Working on the Highway.
 
Y esa fuerza, esa entrega sobre el escenario se contagia, joder que uno no es de piedra. Ese ritmo trepidante, esa concanetación de canciones marchosas sin descanso presentadas con el imprescindible “auan-chu-tri!” que sirve para arrancar a la banda, son capaces de hacer hervir el hielo.
 
80.000 personas lo comprobaron, desde los primeros acordes del No Surrender hasta el toque de batería final de un divertidísimo Twist and Shout - la Bamba medley que siempre tenía un “a uan more” para alargar unos segundos mas la fiesta.
 
La gente saltó con el Glory Days o con el Out in the Street, coreó los estribillos del Hungry Heart y del Because the Night, acompañó a la banda con los “uohohos” del Badlands y el Born to Run, bailó con el Dancing in the dark y el American Land.
Las canciones de los dos últimos discos resistieron perfectamente porque nacen con madera de clásico. The Rising, Waiting on a Sunny day, Radio Nowhere, Living on the Future o un Last to Die que parece sacada de un disco de los Four Tops en los tiempos de la guerra de Vietnam.
 
Los desgarrados coros del Long Walk Home (la mejor pieza del último disco) pueden emocionar tanto como otros clásicos como el Bobby Jean, Trapped o Backstreets.
 
Pero es que además el jefe no está solo:
Big Man Clemons con su saxo protagoniza varios de los momentos cumbres del espectáculo como los enormes solos del Badlands o del Jungleland (que chssst...no se lo digais a nadie, me sacó las lagrimas y me hizo contener la respiración para despúes respirar profundo) , o el riff final del Boby Jean.
Steve Van Zandt y Nils Lofgren también tienen su momento para hacer filigranas con sus guitarras, y es que el Boss es generoso y además de hacer las genialidades de Messi, reparte juego entre sus chicos como Xavi o Iniesta. Y es que la E Street  es la auténtica “Dream Band”, el “Dream Team” de la música aunque la perdida de Danny Federicci (DEP) sea ya irremplazable.
 
3 horas de pura tralla, del mejor Rock and Roll, casi sin concesiones a las baladas. Tan solo un The River y un Janey Don´t You Lose Heart pedido por alguien del público. 2 baladas perdidas entre un mar de canciones rockeras (Glory Days, Born to Run, Hungry Herat, Badlands, Because the Night, Out in the St, Waiting on a Sunny Day, Summertime Blues) y de emocionantes mediotiempos (No Surrender, Brilliant Disguise, Backstreets, Atlantic City, Candy´s Room, Long Walk Home, Bobby Jean).
 
Fiesta, marcha y rock and roll, sin drogas ni sexo, ni falta que hacía.
 
Con un paquete de 7 bises iniciados con el Jungleland que puso la piel de gallina a todo el Camp Nou, y el Born to Run que emocionó mas que el 5-0 al Madrid de los tiempos del Romario.
 
Un Bobby Jean que me trajo la nostalgia de mis primeros amores adolescentes no correspondidos.
 
Y el bis que me hizo saltar como loco y que Bruce tocó para mi, porque hacía muchos conciertos que no tocaba; el Glory Days, mi Glory Days, esa es mi canción, el Glory Days de mi adolescencia, el Glory Days del vinilo; el Glory Days de las tardes de Scalextric en casa de mi amigo Cristian, el Glory Days que me devolvió a la adolescencia, a mis días de gloria, a los 13 años que tenía cuando salió publicado ese single.
No, no necesito que vengan los señores de Coca Cola a identificarme con los 80, se pueden meter su marketing y sus espots por el culo. Para eso ya tengo a Bruce.
 
 
Nadie se acordó de que no sonaran los ultrapopulares, Born in the USA, Thunder Road, My Hometown. Pero es que no era necesario. Bruce tiene clásicos para dar y regalar. ¿Alguien se imagina un concierto de los Rolling Stones sin el Satisfaction, de los Dire Straits sin el Sultans of Swing, de los Pink Floyd sin el Another brick in the wall?.
Pues Bruce se permite el lujo de no tocar el Born in the USA en toda la gira, y seguramente lo hace porque posiblemente tocarla ya no le divierta tanto como antes.
 
 
 
Un concierto del Bruce es una de esas cosas que hacen que todo tenga sentido, hasta la monótona vida de las ciudades modernas; un concierto de Bruce puede compensarlo todo, incluso llevar una vida de oficinista gris hipotecado onanista solterón que no se come una rosca los sábados por la noche y que pasa su vida a las ordenes de un jefe gilipollas. Porque esas tres horas tan intensas pueden valer por los 30 años de gris y responsable vida laboral de una persona.
 
Y es que me perdonarán los argentinos, no, Diego Armando no es el mas grande, que cojones va a ser el mas grande!; Diego Armando es un muñequillo al lado de un mito como el Boss.
 
Muchas gracias Bruce por devolvernos el optimismo, y por hacernos creer en el Rock; todos esos que ahora viven del negocio, te deben mucho, mucho...y también tienen mucho, mucho que aprender.
Nadie, ningún músico sobre la faz de la tierra debería tener la desfachatez de subirse a un escenario sin haber visto un concierto tuyo.
 
Eres el responsable de que cada vez que voy a un concierto en el que los músicos cogen y se van al backstage a la hora y media, sienta que me han tomado el pelo.
 
Pero también eres el responsable de que aún crea en el Rock and Roll.
 
Eres el mas grande.
 
Viva las Vegas, viva Bruce, viva la E Street band, viva el Rock´n Roll y viva la madre que os parió a todos.
Os quiero tíos.
 
Germán Aguilar
En Barcelona a 24 de julio de 2008

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